Ser o no ser… vegano. Esa es la cuestión.

Foto de Stijn te Strake

Si viviste los noventa ya con cierto raciocinio y uso de consciencia, (y no estuviste encerrado en una cueva o tus papás eran súper mochos y jamás te dejaron ver los Simpson), es probable que hayas crecido con esa épica imagen de Marge, Homero y Bart en una fila de conga bailando al son de no vives de en-sa-la-da, no vives de en-sa-la-da.(https://www.youtube.com/watch?v=jAXt-HUeoAQ)

 ¿Te acuerdas del capítulo? Bueno, ahí va un  resumen por si no: Los Simpson van a un tipo-parque granja en la que pueden acariciar a los animalitos y aw, (cómo olvidar esa escena de las ovejas cada vez más pequeñas, cada vez más tiernas y el “quítate tú” https://www.youtube.com/watch?v=Yie97fdA1C0) un día después Lisa descubre que no puede comer carne porque le recuerdan aquellas ovejitas  (Liiisa, dijiiiiiiiste que me querííííííías https://www.youtube.com/watch?v=h1C1zBOzNew). Lisa se convierte en vegetariana, despotrica contra el mundo, acusa a todos de ser unos salvajes y al final, es juzgada por Paul McCartney y Apu por comer queso, o sea, consumir productos de origen animal. (debes pensar que soy un monstruo https://www.youtube.com/watch?v=DUZx03Z9tbQ).

Traigo a cuenta el capítulo más que por mero capricho (aunque sí hay un poquito de eso) para hablar sobre las distintas posturas que existen alrededor del veganismo y el vegetarianismo. Primero, tendríamos que pensar quiénes somos en esa caricatura. ¿Los que se mofan de las convicciones de otros? ¿Los que se enojan porque los otros no los entienden? En primer lugar, aún en 2018, muchos de nosotros seguimos haciendo línea conga para cantarle a nuestros amigos que no pueden vivir sólo de ensalada. Por otro lado, el mismo capítulo puede sensibilizarnos sobre el porqué una persona, o sea Lisa, decide adoptar un estilo de vida tan particular.

En ese momento los Simpson nos hablaban de dos posturas diferentes: el vegetarianismo y el veganismo, aunque en realidad no usaron esas dos palabras. Este capítulo se estrenó en Estados Unidos en 1995, 51 años antes, en ese mismo país, surgió la Primera Sociedad Vegana que entonces empezó a usar ese término: veganismo, con el fin de diferenciarse de los vegetarianos. Esta diferencia radicaba en una postura en defensa de los animales que abarca más que un régimen alimenticio. Los vegetarianos suelen optar por una alimentación libre de carne, aunque existen variantes en las que se permiten el consumo de productos ovo-lácteos: como Lisa. Por otro lado el veganismo se estila como una forma de vida que busca evitar por todos los medios productos que tengan origen animal, no sólo alimenticios.

Así pues, la Sociedad Vegana define al veganismo como “un estilo de vida que busca la exclusión, en la medida de lo posible, de cualquier tipo de explotación y crueldad de y hacia los animales por alimentos, vestido o cualquier otro propósito”.

El veganismo es, pues, una postura ética ante la explotación animal, así de simple. ¿pero cuáles son las implicaciones de adoptar una postura de este tipo en un país como México?

Ya un amigo vegetariano me contaba (ojo, vegetariano): “A veces voy a las fonditas, pregunto: ¿qué tienen sin carne?, y me responden: pollo o pescado”. Es decir, en México aún no se ha extendido a todos los círculos la dieta vegetariana como normal, qué podemos esperar de una dieta que excluye cualquier tipo de producto animal, y si te queda duda, vamos a enlistar brevemente los productos que una dieta vegana debe evitar:

Cualquier tipo de carne y sus derivados. Lo de la carne está claro; pero una sopa que tiene un poco de caldo de pollo, olvídalo. Así que aunque no sea el bistec en sí mismo, un vegano no debería consumir ningún platillo cuyo proceso haya necesitado caldo de pollo, carne, manteca, etc. Así no está tan fácil, ¿verdad? Por cierto, el pollo y los pescados se incluyen aquí.

Huevos: no sólo los revueltos en el desayuno. Un pastel que a simple vista nos parecería un alimento inocente y para nada basado en la explotación animal, pero ojo, cualquier producto que haya llevado huevo en su elaboración: olvídalo.

Lácteos: ¿Pensaste de nuevo en ese pastel? ¿Se usó leche para hacerlo? Olvídalo también. Mantequilla para el pan, nop. Pizza con queso, jamás. ¿Tus enchiladas postosinas tienen crema? Pues despídete de ellas.

Miel. ¿Pero cómo algo tan dulce puede ser  producto de la explotación animal? Sí, las abejas son animales también, así que una persona con una dieta 100% vegana endulza su té con algo más.

Una vez que lo vemos así, el veganismo resulta ser un reto para quien decide adoptar esta postura. Exige investigación y conocimiento, pero no es imposible.

Si has decidido llevar este estilo de vida, La Sociedad Vegana recomienda:

–Tómalo con calma: “existen personas que pueden hacerlo de un día para otro, pero no te preocupes si a ti te lleva más tiempo”. Lo mejor es ir haciendo cambios sutiles en tu alimentación diaria para aumentar la cantidad de productos de origen vegetal.

–Haz cambios de una comida a la vez, es decir, que una semana te hagas desayunos veganos, a la siguiente le agregues la comida y después sumes la cena, hasta que estés 100% acostumbrado. Debes tomarte el tiempo necesario, si lo haces poco a poco, es más probable que lo logres y que tu organismo se acostumbre al cambio.

–Investiga cómo puedes sustituir los productos de origen animal para no perder los nutrientes que ya te aportan. Una dieta vegana per se no es sana así nomás, tienes que estar seguro de estar alimentándote y aportando a tu cuerpo justo lo que necesita para funcionar normalmente, si puedes agendarte una cita con un nutriólogo, qué mejor.

–Pide ayuda: así como Lisa, intenta acercarte a otras personas que te apoyen en el camino, te den consejos o simplemente compartan información contigo. La empatía te ayudará a seguir adelante, y ojalá ese amigo en tu camino sea como Paul McCartney.

Ser vegano es difícil, pero no imposible.

Foto de Stijn te Strake